Por. Ferenz Feher, CEO Feher Consulting
Feher Consulting, Marzo 2025
“Lo que le hacemos al mundo, nos lo hacemos a nosotros mismos.”
Mahatma Gandhi

Los sueños de los emprendedores mexicanos siempre son interesantes, exaltantes y admirables, pero lo son aún más cuando lo que buscan es hacer un bien social, algo que beneficie a la comunidad y al país mismo. Ejemplos de emprendimientos con impacto social hay muchos, están incluso los que ven por personas que están en presidio, dándoles trabajo. Hay uno en particular que es sumamente interesante por el impacto que tiene no solo a nivel ambiental, sino justo en la mente de las personas.
Estoy hablando de Entelequia, una empresa que surgió en 2011 creando desechables biodegradables para reducir el impacto del uso del unicel en este tipo de productos; surgen como respuesta al cuidado del medio ambiente, para ser agentes del cambio. A un año de terminar su carrera universitaria en el Tec de Monterrey Campus Toluca, Elizabeth Nava tuvo la idea de crear una agencia ambiental que coadyuvara a evitar el consumo de unicel y reducir así la contaminación provocada por éste.
La idea, nos platica la creadora y directora comercial de Entelequia, nace después de un viaje a Chiapas, en donde encontró excesos de basura plástica en los manglares y en los ríos, con todo el perjuicio correspondiente al ecosistema. Cuando regresa a Toluca, nace en ella ese ímpetu de crear una campaña para prohibir el unicel y el plástico de un solo uso en cafeterías y oficinas; de la mano con alumnos, profesores y empleados de la universidad impulsaron también un programa de acopio de papel para reciclarlo, a través de un convenio con Probosque, la Secretaría del Medio Ambiente del Estado de México y el Tec de Monterrey.
Esto que empezó como una agencia ambiental, fue integrando productos a la venta, tales como madera plástica, papelería ecológica, muros verdes, etc. Una vez ganada la campaña contra el uso de unicel no se podía claudicar y era momento de impulsar aún más el proyecto y también de tomar decisiones respecto al portafolio de productos y centrarse en lo que realmente es el eje de la compañía, los desechables biodegradables. La constante en esta compañía ha sido la innovación.
El objetivo de la compañía ha sido desde un inicio educar a las personas sobre la forma correcta de desechar un empaque ecológico, e incluso, promover la posibilidad de que de hecho no se use ningún tipo de desechable. ¿Por qué? Porque las personas deben entender que deben asumir la responsabilidad de cómo tirar un desecho, un producto que se va a tirar. Lo que sucede es que las personas creen que al ser algo que se tirará a la basura debe costarles poco dinero, sin medir realmente el impacto que habrá al desechar ese producto.
Esto es sumamente relevante si consideramos que, de acuerdo con datos de la Secretaría del Medio Ambiente, en nuestro país una persona produce alrededor de 1 kilo de basura al día, es decir, 30 kilos al mes. Y del consumo de unicel, hay cifras aún más alarmantes: en México se consumen alrededor de 125 mil toneladas de unicel al año, de las cuales, un 25% se utiliza para fabricar desechables para la industria alimenticia, destacando sobre todo la industria del Delivery, que ha propiciado a un mayor consumo de desechables. Se estima que en México se generan más de 300,000 toneladas de residuos plásticos al año solo por empaques y envases de comida, de los cuales menos del 10% se recicla de manera efectiva.
Elizabeth ha explicado que precisamente el reto es que debemos responsabilizarnos de nuestros desechos, porque todo va a impactar al agua y a la Tierra. Debemos entender qué pasará con nuestra basura, a dónde parará y no solo quedarnos con el hecho de que ya la echamos al bote de la basura… y luego ¿qué? ¿quién la recoge? ¿qué pasará con ese desecho que es nuestro? Y entonces, la cuestión es ¿cómo haces para que la ciudadanía le dé valor a la responsabilidad ambiental que tiene?
No se trata de elegir desechos biodegradables por encima del unicel solamente, sino más bien de crear una cultura ambiental donde se prefiera no usar ningún tipo de producto que contamine y que genere un desperdicio. Por ejemplo, usar termos propios y reutilizables cuando se acuda a una cafetería, o llevar un tupper cuando se compre carne, para evitar que nos den una charola de unicel. Si por flojera, decidía u olvido no se lleva un envase reusable, por lo menos optar por envases biodegradables.
No se trata de convertirse en héroes con capa que vuelan y salvan al mundo, como dice Elizabeth. Se trata de crear conciencia y que todos busquemos reducir la basura, reutilizar o evitar incluso el residuo, aunque este sea compostable. Aparentemente son cosas muy básicas pero cada uno le va aventando la responsabilidad a alguien más. El deber ser de cada uno de nosotros es que cada uno de nosotros gestionemos nuestra basura.
Es por eso que Entelequia es una empresa exitosa no solo por las ventas y el desarrollo de negocios que han implementado, sino también por la importante labor social que realizan en las comunidades y en la promoción de una cultura ambiental, todo en aras de ayudar al planeta y preservar nuestros ecosistemas. Todos acumulamos, pero no todos reciclamos ni sabemos qué hacer con nuestra basura; si lo hiciéramos podríamos evitar que un unicel haga el daño que hace aún después de usarlo: un 80% de las inundaciones se origina de la basura plástica, de todos, incluso de gente que no vemos.
Eso, entender que todos estamos conectados y que tenemos un deber social como ciudadanos en cuanto a un manejo responsable de nuestros desperdicios, es el objetivo y reto de esta gran empresa, cuyo éxito radica en trabajar para el rescate ambiental de nuestro país.
¡Conoce a Entelequia!