Ferenz Feher, CEO Feher Consulting
Feher Consulting, Octubre 2026
Vivimos tiempos en los que parecería que el mundo cambia más rápido de lo que somos capaces de asimilar.
Conflictos geopolíticos, guerras, tensiones comerciales, cambios en las relaciones entre Estados Unidos, Canadá y México, movimientos en las tasas de interés, inflación, mercados que reaccionan ante cualquier noticia y una economía mundial que enfrenta nuevos retos prácticamente todos los días.
Son datos que debemos conocer. Como empresarios, no podemos ser ajenos a lo que ocurre a nuestro alrededor.
Pero hay algo todavía más importante: no podemos permitir que aquello que no controlamos determine aquello que sí podemos hacer.
No controlamos la economía mundial. No decidimos cuándo comienza una guerra, cuándo termina un conflicto, qué decisión tomará un gobierno o cómo reaccionarán los mercados. Tampoco podemos anticipar todas las variables que mañana pueden modificar nuestro entorno.
Lo que sí podemos controlar es nuestra respuesta.
Podemos decidir seguir trabajando. Podemos cuidar mejor nuestras empresas, escuchar a nuestros clientes, adaptarnos, innovar, revisar nuestros costos, buscar nuevas oportunidades, formar mejores equipos y tomar decisiones aun cuando no tengamos todas las respuestas.
Hay una historia que suelo compartir en algunas de mis conferencias y que creo que hoy tiene más sentido que nunca.
Imaginemos que estamos jugando un partido de futbol. La cancha está en pésimas condiciones: el terreno está maltratado, hay hoyos, el balón no rueda bien y jugar resulta mucho más cansado. Incluso existe el riesgo de lastimarse.
Uno de los jugadores se acerca a un compañero y le dice:
Oye, las condiciones de la cancha están terribles. Está muy complicado jugar así, estamos más cansados y hasta nos podemos lastimar. No sé cómo nuestro entrenador se atrevió a sacarnos a jugar aquí.
Su compañero lo escucha y le responde:
Tienes toda la razón. Las condiciones de la cancha están muy, muy malas y son completamente adversas.
Hace una pausa y agrega:
Pero no podemos negar que el equipo contrario está jugando en la misma cancha. Y mientras nosotros estamos discutiendo sobre lo mal que está el terreno, ellos están haciendo algo diferente: nos están metiendo goles.
Creo que esa historia tiene una enorme enseñanza para quienes tenemos la responsabilidad de dirigir una empresa.
La cancha no siempre será perfecta.
Habrá momentos de crecimiento y momentos de crisis. Habrá mercados difíciles, incertidumbre, competencia, cambios regulatorios, problemas económicos y circunstancias que simplemente no estarán bajo nuestro control.
Pero todos estamos jugando, de alguna manera, en la misma cancha.
La pregunta no es si las condiciones son buenas o malas. La pregunta es qué estamos haciendo nosotros con las condiciones que nos tocaron.
Porque detrás de prácticamente cualquier historia de éxito empresarial hay una parte que pocas veces vemos.
Vemos el resultado, pero no las noches sin dormir. Vemos la empresa consolidada, pero no las veces que hubo que empezar de nuevo. Vemos los éxitos, pero no los errores, las dudas, las críticas, las decisiones difíciles ni los sacrificios personales que estuvieron detrás.
El éxito empresarial rara vez es consecuencia de una sola gran decisión. Es, muchas veces, el resultado de cientos de pequeñas decisiones tomadas con disciplina, incluso cuando las cosas no salían como esperábamos.
Es levantarse después de equivocarse. Es insistir cuando otros ya dejaron de creer. Es aceptar críticas sin perder el rumbo. Es tener la disciplina de hacer todos los días aquello que debe hacerse, incluso cuando no hay aplausos y cuando los resultados todavía no aparecen.
Y también es entender que persistir no significa hacer siempre lo mismo. Significa mantener el propósito y tener la capacidad de cambiar el camino cuando las circunstancias lo exigen.
Quizá esa sea una de las grandes diferencias entre quienes simplemente esperan que las condiciones sean favorables y quienes construyen empresas a pesar de las condiciones.
Porque nunca ha existido un momento perfecto para emprender, invertir, crecer o tomar una decisión importante.
Siempre habrá incertidumbre.
Siempre habrá alguien que diga que no se puede.
Siempre habrá una circunstancia que nos obligue a replantearnos el camino.
Y, sin embargo, las empresas siguen naciendo. Los emprendedores siguen apostando. Los equipos siguen trabajando. Las personas siguen creando, innovando y buscando mejores maneras de hacer las cosas.
Tal vez porque, al final, el empresario no controla la cancha en la que le toca jugar, pero sí puede decidir cómo jugar el partido.
El mundo seguirá cambiando. Los mercados seguirán moviéndose. La incertidumbre seguirá formando parte del juego.
Nosotros no siempre podemos escoger el terreno.
Pero sí podemos decidir si vamos a pasar el partido quejándonos de la cancha o tratando de meter goles.
Y quizá esa sea, al final, una de las grandes diferencias entre sobrevivir y construir.
Porque en los negocios como en la vida no siempre se trata de que nos toque una buena cancha.Se trata de aprender a ganar el partido en la cancha que nos tocó…

