Por. Massimo Scattarreggia, Design Solutions Feher Consulting
Feher Consulting, Febrero 2026
Como ya analizamos en un artículo anterior, Trump está intentando transformar Estados Unidos en un estado más centralizado, económicamente proteccionista y socialmente conservador, mientras que a nivel global pretende revisar los equilibrios geopolíticos de manera unilateral y agresiva, lo que deja entrever un mundo en el que las tres grandes potencias armadas — Estados Unidos, China y Rusia — se reparten territorios estratégicos según sus respectivos intereses nacionales. Su proyecto incrementa la polarización interna, con riesgo de protestas y enfrentamientos institucionales, compromete las relaciones con aliados tradicionales y favorece un mundo más fragmentado e inestable.
Pero si Trump impusiera recortes al Estado del bienestar mientras la economía entra en recesión y se desata la inflación por su política proteccionista, la situación sería aún más grave y Estados Unidos podría verse inmerso en una crisis social y política sin precedentes, como analizamos en otro artículo.
Trump podría aprovechar ese probable colapso económico y social para reforzar su poder de forma autoritaria. El escenario más probable es que utilice el caos social, la inestabilidad económica y la inseguridad pública para justificar la centralización del poder y un giro autoritario en Estados Unidos. La escalada de múltiples crisis — recortes en el bienestar, aranceles, inflación, despidos, recesión y protestas — podría brindarle la oportunidad perfecta para reforzar el poder presidencial con el pretexto de salvar a la nación del colapso.
El primer paso podría ser la declaración del estado de emergencia
Trump podría usar las protestas masivas, los disturbios sociales y el aumento de la criminalidad como justificación para declarar un estado de emergencia nacional. Esto le permitiría sortear al Congreso y gobernar mediante decretos ejecutivos. Además, podría suspender temporalmente derechos civiles como el derecho a protestar o la libertad de prensa, como ya ocurrió con la Ley Patriota tras el 11 de septiembre.
El segundo paso podría ser la militarización de la sociedad
Trump podría desplegar la Guardia Nacional y al ejército en las ciudades para reprimir manifestaciones y huelgas. Podría usar las fuerzas de seguridad federales, como el FBI, el Departamento de Justicia y el Departamento de Seguridad Nacional, para investigar, intimidar o encarcelar a líderes de la oposición. También podría impulsar nuevas leyes que criminalicen las protestas masivas y faciliten la detención de activistas y disidentes.
El tercer paso podría ser el control del sistema judicial
Trump podría nombrar jueces ultra-lealistas en los tribunales federales para asegurarse de contar con protección legal. Podría deslegitimar al Tribunal
Supremo o sortearlo mediante órdenes ejecutivas, acusándolo de formar parte del Deep State. También podría ampliar los poderes del Departamento de Justicia para perseguir a opositores políticos, periodistas y críticos.
El cuarto paso podría ser el ataque al sistema electoral
Trump podría manipular las elecciones mediante nuevas restricciones al voto,proceder al cierre de colegios electorales en distritos demócratas y aprobar leyes que dificulten el voto de las minorías y de los jóvenes. También podría intentar controlar a los compromisarios del Colegio Electoral, presionando a los estados republicanos para que nombren representantes favorables a él, incluso en caso de perder el voto popular, como ya intentó en 2020. Podría declarar las elecciones “amañadas” y negarse a abandonar el poder en 2028.
El quinto paso podría ser el uso de la propaganda y la censura
Trump podría atacar a los medios independientes, acusándolos de difundir
fake news y de promover exclusivamente medios pro-Trump como Fox News, Newsmax y OAN. Podría aumentar la vigilancia digital, justificándola como necesaria para proteger la seguridad nacional. Podría generar un clima de miedo constante, impulsando a la población a respaldar medidas represivas en nombre de la estabilidad.
¿Qué podría impedir este giro autoritario?
A pesar de los riesgos de un viraje autoritario, existen obstáculos significativos que podrían impedir que Trump se convierta en un verdadero “hombre fuerte” al estilo de Putin u Orbán.
En primer lugar, la resistencia de los gobernadores demócratas. Estados
como California, Nueva York, Illinois o Washington podrían negarse a aplicar medidas federales represivas. Algunas agencias federales podrían desafiar legalmente al presidente para bloquear sus órdenes ejecutivas. Los gobernadores podrían impulsar una creciente autonomía económica y política. Todo esto ya está ocurriendo, en parte.
Algunos altos mandos militares podrían oponerse al uso excesivo del
ejército para reprimir protestas. El FBI y la CIA podrían dividirse internamente entre agentes pro-Trump y quienes consideran que la administración de Trump representa una amenaza para la Constitución. Sin embargo, si Trump consiguiera purgar las jerarquías y sustituir a los líderes por fieles, podría obtener el control total de estas agencias.
También hay que considerar la reacción de la ciudadanía.
Movimientos progresistas como Black Lives Matter, Democratic Socialists of America o Sunrise Movement podrían organizar protestas masivas contra la deriva autoritaria. Trabajadores y sindicatos podrían promover huelgas nacionales y boicots contra las políticas de Trump. Una eventual radicalización de la izquierda aumentaría el riesgo de enfrentamientos con grupos armados de extrema derecha.
Por último, el Tribunal Supremo podría actuar como institución “resistente”.
Aunque cuenta con una mayoría conservadora, algunos jueces podrían oponerse a una concentración excesiva de poder. En cualquier caso, un posible conflicto legal entre el Supremo y la Presidencia podría desencadenar una crisis constitucional sin precedentes.
Tres posibles escenarios
Dependiendo de la reacción de la población, del Congreso y de las instituciones, el futuro podría evolucionar de distintas maneras.
Primer escenario: un autoritarismo suave.
Trump consolidaría su poder mediante leyes represivas, el control de la información y la manipulación electoral. Se mantendría un sistema formalmente democrático, pero cada vez más desequilibrado a favor del poder ejecutivo. La respuesta de Trump a la polarización extrema derivaría en una democracia iliberal al estilo de Hungría.
Segundo escenario: reacción institucional e impeachment.
Este escenario implicaría que las protestas y la resistencia política fueran tan intensas que el Congreso y el Tribunal Supremo lograran frenar el desmantelamiento autoritario. Trump sería sometido a un impeachment o forzado a recular, aunque el daño institucional persistiría. Estados Unidos seguiría siendo un país inestable, con una fuerte división entre estados rojos y azules.
Tercer escenario: crisis política total y posible colapso federal.
Si los estados democráticos se rebelaran abiertamente contra las políticas federales, podría surgir una fractura política entre los estados rojos y los azules. Esto daría lugar a una crisis constitucional sin precedentes, con algunos estados planteando formas de autonomía política o económica. Incluso podrían ganar fuerza los movimientos separatistas, empujando al país hacia una especie de “guerra civil fría” o hacia la disolución del Estado federal.
En este sentido, Trump podría, efectivamente, aprovechar el caos para reforzar su poder y debilitar las instituciones democráticas.
Si se combinan recortes en los programas sociales, la crisis económica y la represión de las protestas, podrían generarse las condiciones para una transformación autoritaria en Estados Unidos. No obstante, su éxito dependería de varios factores. El control del Congreso: si los republicanos lo respaldan, las probabilidades aumentan. La reacción de la población: si las protestas se vuelven masivas, el riesgo disminuye. El papel del ejército y las instituciones: si los altos mandos le respaldaran, la democracia estadounidense correría un grave peligro. En cualquiera de los tres escenarios, Estados Unidos podría entrar en la fase más peligrosa de su historia moderna, con el riesgo real de una deriva autoritaria o de una crisis institucional de gran magnitud. Y esto tendría un fuerte reflejo a nivel internacional, con graves consecuencias. Se produciría una erosión de la ya menguante hegemonía estadounidense. Si Estados Unidos entrara en un período prolongado de caos, podría perder su estatus de superpotencia global. China y Rusia podrían aprovechar para ampliar su influencia. Los aliados occidentales podrían reducir su dependencia de EE.UU., lo que aceleraría la fragmentación del bloque occidental. Incluso podrían intensificarse las tensiones separatistas internas, con estados como California explorando formas de autonomía económica o incluso de secesión, como ya analizamos en un artículo anterior.

